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Litterae Communionis N. 10, julio-agosto 2021

La audacia de la familia

No se trata de mirar por el microscopio a la familia y sus dinámicas, sino de abrir una brecha en el inmenso horizonte que le da respiro. La familia, frágil e insustituible. Ese intento que denunció Hannah Arendt de «proteger los asuntos humanos de su fragilidad» hoy es impensable porque la larga onda de la pandemia los ha arrasado. Durante estos meses ha pasado de todo entre las paredes de casa: trabajo, estudio, una convivencia a la que no estábamos acostumbrados. Hemos abrazado el dolor y recogido las alegrías, se han destapado los vínculos, algunos se han consumado por una pretensión mutua, otros se nos han devuelto. Las imágenes más ligeras muestran a papás y mamás en videollamadas de trabajo, entre fogones y con un niño en brazos. Pero las fatigas más oscuras no siempre se ven ni se cuentan. Nos hemos descubierto «al desnudo», «despojados de todo», como muestran los testimonios de este número, dedicado a un lugar que, por su naturaleza, es algo extraordinario en medio de lo ordinario.

Ver a una familia contenta es hoy un acontecimiento. Porque, ahora más que nunca, sale a relucir la cruda alternativa de siempre. «De la naturaleza brota el terror de la muerte, de la gracia brota la audacia», según la expresión de santo Tomás, al que seiscientos años después le hacía eco Charles Péguy: «Para esperar hace falta ser feliz de verdad, hace falta haber obtenido, recibido una gran gracia». Una gracia que no tiene nada de mágico. Cuando se habla de familia, o hay una gracia concretísima, descarada y paciente, o no la hay. Las historias que narran estas páginas no son de familias heroicas, sino de familias que no existirían por sí solas. Son familias generadas en ese horizonte que supone un amor más grande, que se experimenta en la comunidad cristiana. Podemos ver sus efectos. Alguien que tiene la confianza necesaria como para decidir formar una familia –casarse, tener hijos y hasta acoger a los hijos de otros–, que tiene la audacia necesaria no solo para empezar sino sobre todo para continuar, para seguir adelante, incluso cuando falta el dinero, la salud, o la rutina se vuelve sofocante. Del perdón cotidiano a la experiencia de una joven pareja que no puede tener hijos, pero vive abierta a la vida y ayuda a captar cuál es el núcleo hasta de la familia más numerosa. «El encuentro entre un hombre y una mujer no puede definirse por la exclusiva finalidad de tener hijos», dice Giussani, «sino ante todo por constituir una compañía para caminar hacia el Destino».

Solo desde esta perspectiva, de la persona en camino hacia su cumplimiento, es posible apostar incansablemente por la familia. Buscando una compañía que va más allá de su propia casa para poder amar, las heridas no se cierran pero abren una vida más auténtica, y todo eso desafía nuestros pensamientos y nuestros miedos porque existe, porque es posible. «¿Es razonable arriesgar? Depende de lo que hayas encontrado», decía Julián Carrón en los Ejercicios de la Fraternidad de CL que se acaban de celebrar, transmitiendo una plenitud de vida que crece cuando lo afrontas todo, cuando no te escondes ni censuras, porque afrontando lo que sucede puedes verificar la utilidad que tiene la fe para vivir. Por la necesidad de ir más allá de la apariencia, de tocar con tus manos «si existe la nada o el ser».