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Un imprevisto es la única esperanza
Litterae Communionis n.05, mayo 2026Límite y Misterio
Por la mañana nos despierta con nuestra música favorita. Cuando estamos trabajando, nos filtra los mensajes no deseados y completa las palabras que tecleamos. Para nuestros ratos libres, selecciona las noticias que nos podrían interesar. Conduciendo, nos lleva por el mejor camino. Para las fotos de nuestras vacaciones, regula de manera autónoma la luz y el enfoque. La inteligencia artificial (IA) ha entrado en nuestra vida cotidiana sin pedir permiso. Y desempeña montones de tareas que nosotros le pedimos: habla, responde, resuelve, informa, resume, traduce… Un avance sin precedentes, donde la tecnología se apropia de actividades que hasta ahora solo la ciencia ficción se había atrevido a imaginar. Una pregunta fundamental, la del pastor errante de Leopardi, se abre paso al asomarse a este mundo: «¿Y yo qué soy?». Un interrogante que jamás ha sido tan actual y dramático. Cuanto más progresa la revolución digital, más preguntas sin respuesta se acumulan. ¿Nos dejará la IA sin trabajo? ¿Atrofiará nuestras capacidades de aprendizaje? ¿Cómo comprobar si lo que nos dice un chatbot es verdad o mentira? ¿Qué responsabilidades asumen los amos de los logaritmos, tan escasos como ricos y poderosos? ¿Habrá autoridades capaces de impedir el uso de estas máquinas para desinformar, estafar, difamar, manipular y hasta bombardear?
La revolución digital ha encendido los focos sobre la paradoja de una humanidad que, empujada por la tecnología, exalta sus capacidades de innovación al mismo tiempo que se descubre cada vez más frágil y vulnerable. El ser humano está hecho de preguntas y límites, y ninguna técnica podrá modificar jamás este dato de su naturaleza. Como apunta el último documento publicado por la Comisión Teológica Internacional, Quo vadis, humanitas? «No se puede censurar la fragilidad y los límites naturales, para exaltar únicamente la grandeza y la fuerza, a causa quizá de una confianza ciega en los resultados de la investigación tecnológica y de los descubrimientos científicos; pero tampoco debemos resignarnos ante los límites y fragilidades de la vida, olvidando las potencialidades inscritas en nuestra naturaleza inteligente y espiritual». El sentido del límite y la apertura al Misterio siguen siendo rasgos propiamente humanos que las nuevas fronteras cibernéticas no pueden apagar. Nuestra época, basada en datos, cálculos e informaciones verosímiles pero no siempre verdaderos, se ve reflejada en cierto modo en un famoso poema de Eugenio Montale, Antes del viaje. En ese momento en que hay que programar cada detalle: equipaje, guías, divisas, reservas, itinerarios… «Después se parte y todo está O.K., y todo sale bien y es inútil». A propósito de este verso, afirma Luigi Giussani en El yo, el poder, las obras que esta «es la definición del hombre moderno: el que hace análisis. Domina el análisis, pero no sabe nada del significado». Como un chatbot: no dice lo que ha entendido, sino lo que considera más probable estadísticamente. Genera sentencias cuyo sentido no comprende. «Un imprevisto es la única esperanza», exclama el poema de Montale. Para añadir a continuación, decepcionado y cínico: «pero me dicen que es una estupidez decirlo». «El gran imprevisto es Cristo», rebate Giussani, y añade: «¿Y quién dice que es una estupidez decirlo? El poder. De cualquier naturaleza y tipo que sea». Incluido el de la inteligencia artificial
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