
La violencia no tiene la última palabra
El juicio de Comunión y Liberación en México tras los acontecimientos del domingo 22 de febrero pasadoLos recientes acontecimientos violentos vividos en nuestro país, desatados tras la captura de un líder criminal, merecen ser juzgados, tanto más ahora que en el mundo parece que la única forma para resolver los conflictos sea la violencia.
El corazón no puede acostumbrarse ni dejar de conmoverse ante aquello que hiere sus exigencias fundamentales de justicia, verdad y felicidad. La captura–muerte de Nemesio Oseguera, el Mencho, y la respuesta inmediata de los cárteles pueden interpretarse de distintas maneras; sin embargo, el crimen organizado ha querido exhibir su capacidad de respuesta poniendo en crisis la seguridad pública nacional. El mal se apoya en el miedo, intenta paralizar nuestro yo, y neutralizar nuestras exigencias, empujándonos a esperar que otro poder asegure la paz.
Lo que no es infierno
En este sentido, paradójicamente, la paz es una guerra: lav“lucha contra el mal es un deber permanente de todos los discípulos de Jesús, el Maestro de la Paz” (Card. Aguiar Retes, mensaje del 21 de febrero 2026); estamos llamados a “reconocer quién y qué en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”, como recita Italo Calvino en Las ciudades invisibles.
No podemos olvidar a los miembros de la Guardia Nacional, a los civiles, a quienes han dado la vida en la operación, como tampoco al enorme número de personas que mueren y desaparecen a causa del clima de violencia que se vive; ni que es una responsabilidad
resuelve con la captura de un cabecilla por cuán importante este sea.
¿Cuál es entonces nuestra responsabilidad?
Que todo este mal no nos impida ver el bien, que a menudo se presenta como un delicado retoño en un tronco aparentemente seco, al que cuidar, darle espacio y hacer que crezca. Hay que crear lazos de sociabilidad nueva, desarrollarlos y protegerlos.
No estamos hablando de una piadosa utopía sino de experiencias reales: así sucede con un grupo de familias en Coatzacoalcos que se han reunido para ofrecer a los jóvenes de la comunidad una propuesta de amistad verdadera, una humanidad renovada; encuentros públicos organizados por amigos de distintas ciudades para ofrecer desde la cultura espacios de encuentro y diálogo que construyen sociedad; empresarios de distintos lugares del país que se reúnen y ayudan a vivir el trabajo en dimensión plenamente humana y comunitaria; la iniciativa de un grupo de universitarios en Querétaro de juzgar los hechos, no como un análisis sino como realidad que interpela.
Estos signos no son espontáneos ni casuales. Para afirmar el bien es necesario dejarse educar.
Por una paz desarmada y desarmante
La experiencia cristiana vivida dentro del carisma de Comunión y Liberación nos permite enfrentar el drama de la violencia sin reduccionismos, sostenidos por la relación con la Presencia del Misterio de Dios hecho carne, que se hace encontrable en medio de tantos rostros que testimonian que el mal y la muerte no tienen la última palabra.
Acogemos la invitación a la conversión que nos dirige el Santo Padre, que “no solo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación” (Papa León XIV, mensaje de Cuaresma 2026).
Movimiento de Comunión y Liberación en México
Ante los acontecimientos violentos vividos en México
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